¿Cuál es tu montaña?

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Todos tenemos una meta, objetivo, deseo o ideal que alcanzar. Y seamos realistas, puede ser tooooda una misión imposible, sí así es; contrario a lo que se nos dicen desde la niñez en los cuentos infantiles, pasando por las moralejas de las películas, lo que nos cuentan algunos profesores, los temas que abordan algunos libros de superación personal, etc. en cuyos contenidos o recomendaciones nos alientan a no rendirse hasta completar con la tarea que nos llevará al logro de ese fin que nos hemos propuesto y una vez obtenido seremos “felices por siempre”.

Te preguntarás ¿Será, la persona que escribe estas líneas, alguien con amargura en su corazón? o solo ¿Rompe mi ilusión por el mero gusto de hacerlo? Nada esta más lejos de eso, es solo que hay que dimensionar lo que buscas e incluso evaluar si es un deseo, una necesidad insatisfecha o simplemente una frustración trascendida de nuestro padres hacia nosotros.

Tal vez pienses ¿De qué me servirá saberlo? Bien ya que estas en este punto, podemos comenzar a descartar aquello que no es algo que nació en ti; porque podría ser que es la expectativa a cumplir de tu circulo de amigos, la familia, tus maestros, etc.

Recuerdo en una ocasión a una de mis amigas que estudió una carrera universitaria solo porque en su familia enaltecían siempre las cualidades de ésta. Mi amiga incluso la acreditó con honores, pero como es de imaginar al pasar de los años se tropezó con la realidad; claro que no sin antes dar tumbos perdiendo lo más valioso que puede tener un ser humano, que no regresa y que el más millonario del mundo no puede pagar; eso es el tiempo. Mi amiga no se sentía satisfecha al ejercerla y al término de las entrevistas de trabajo se justificaba por no considerar ese empleo argumentando cosas como:

me fue bien pero esta muy lejos de mi casa, o ese horario esta de muerte, o no con ese sueldo de miseria jamás aceptaré”

y aún cuando otras personas distintas a la de su familia cercana, le decían:

pero con esa actitud no lograrás adquirir ninguna experiencia”.

Por supuesto que, para entonces, ella era el orgullo de la familia; porque logró la expectativa deseada y además se daba su lugar al no permitir aceptar cualquier oportunidad laboral que no valorara todo su potencial. Así las cosas, con el tiempo esta amiga terminó por trabajar en una empresa la cual estaba cerca de su casa y el sueldo, que dicho sea de paso, era menor al que podría accedido si hubiese ejercido su profesión.

Pero ella ya no era esa chispeante chica que conocí en sus años de estudiante antes de elegir su profesión. Lo más grave del caso es que vivía sin descubrir lo que para todos los que la rodeábamos era más que evidente, no era feliz. No veía su trabajo con pasión y se fue convirtiendo en un agobio que marchitaba su entusiasmo; al cabo del tiempo se fue amargando el carácter y se aisló porque esa situación lastimaba su autoestima y poco a poco dejó de asistir a las reuniones. Era una pena, pero  con la obligación moral de un buen amigo te sentías con el deber de comentárselo, ante lo cual podían suceder dos cosas; se tornaba agresiva porque no eres el primero que se lo mencionaba y ya esta fastidiada de escucharlo o se colocaba en papel de víctima en el que decía “no puedo hacer nada, porque tengo tantos compromisos financieros que no puedo darme el lujo de renunciar a este empleo” y el consecuente distanciamiento se fue haciendo aún más evidente, pues lejos de reconocer el gesto parecía que le disgustaba.

Probablemente te preguntarás ¿y su familia? Bueno pues ellos la compadecían y le atribuían esa situación a la falta de oportunidades y lamentaban el desperdicio de su talento.

Ahora bien, ¿Qué hay de aquellas cosas que tu piensas que crees es tu meta y no es otra cosa que una necesidad? y peor aún, ni siquiera depende en su totalidad de ti y me refiero al caso en el que vives un amor platónico, un amor no correspondido y que tu piensas que necesitas a toda costa que te ame porque tu eres el ser humano perfecto para él o ella pues completarás su vida, le curará el corazón roto, le llenará de todos los cariños y mimos de los que nunca ha probado y que nadie será capaz de brindarle.

Pero en ningún momento pasa por tu mente la ligera idea de que tal vez tu no eres ese ser perfecto para esa persona porque tal vez no le interesas, no le gustas e inclusos no le agradas, pese a tus esfuerzos. Y no hay peor cosa que forzar un sentimiento porque a veces estas dispuesto a arrastrar tu corazón por el suelo de la desesperación sin darte cuenta que estas imponiendo tu deseo por sobre la voluntad de la otra persona, como cuando se te acerca aquella persona que suspira cuando te ve y es muy evidente, tanto que hasta tu amiga o amigo te lo dice, pero tu solo piensas que te resulta totalmente aberrante la idea de que sea tu pareja.

Entonces la necesidad insatisfecha de afecto, por la que colocas tus ojos en una persona que subconscientemente sabes que no te podrá corresponder, te dejará convenientemente en una situación de siempre anhelar algo que no podrás obtener y es en ese caso un claro ejemplo de auto sabotaje.

El querer satisfacer una necesidad dista mucho de un objetivo de vida, debes afinar bien lo que persigues o te resultará frustrante o peor aún si logras esa meta tan anhelada, pero al final no cumple tu expectativa de felicidad; te robará la ilusión de lograr nuevas metas.

Otro es el caso que recuerdo de un ejecutivo que anhelaba tener un pent-house y luchó por obtenerlo por largo tiempo, hasta que al fin lo logró y era por supuesto motivo de orgullo, tanto que a todos sus familiares y amigos los llevaba solo para que lo reconocieran, lo admiraran e incluso lo envidiaran y todo giraba en torno a ello. sin embargo y con el paso del tiempo le comenzó a resultar una carga; ya que el costo que exigía era alto pues tenía que pagar mantenimiento, el pago de los servicios era mayor a lo que esperaba, además de que se encontraba lejos de su trabajo lo cual mermaba su energía, sus vecinos acostumbraban hacer reuniones que ameritaban otro costo al turnar dichos eventos dentro del edificio y sus vecinos  que en su mayoría eran personas que disfrutaban de ese nivel de vida sin tener que cumplir con un trabajo que les implicara cumplir con horarios. Pero en un principio tenía que estar a la altura de su nuevo nivel de vida. Su agobio por cumplir con los compromisos financieros y sociales se fue tornando en cansancio, fastidio y en un estado de incomprensión pues sería una vergüenza que las personas se enteraran de que no podía continuar con ese ritmo. Pero como suele suceder en estos casos, llegó el día en que fue insostenible.

¿Te imaginas en esa situación?

Bien pues tal vez optarías por venderlo e ir a una ubicación confortable pero con menores exigencias sociales y financieras, para que pudieras acceder a una salud física y emocional. Pero esa no fue la decisión que esta persona tomó; ya que para él bien valía la pena el sacrificio de vivir en dónde creía era un anhelo por mucho tiempo acariciado. Así que sin darse cuenta había tenido fricciones con todos sus vecinos por que

“eran unos abusivos que le sacaban el dinero con sus reuniones”,

además dejó de invitar a su familia porque le resultaba onerosos dichos eventos, canceló su mensualidad en el gimnasio pues no le era posible seguir pagándola; se dedicaba a dormir el mayor tiempo que podía. En fin que el aislamiento fue trascendiendo hasta en su trabajo pues se recrudeció su carácter y de ser el jefe que todos admiraban por su buen juicio, así como sus buenas relaciones publicas y por las que era recurrentemente nombrado para liderar proyectos con otras compañías; ahora comenzó a denotar un agotamiento físico, una falta de entusiasmo y de un permanente fastidio que era evidente para todos menos para él. Por lo tanto dejó de ser seleccionado en algunos proyectos, lo cual agravó, aún más, su situación financiera. Algunas personas a su alrededor comenzaron a armar historias ficticias en torno a la razón su cambio. Comenzó a culpar a la mala suerte, al destino, a las mal intencionadas pues según él las personas que hablaban a sus espaldas de seguro habían envenenado a su jefe, pero nada de eso le devolvía la confianza para recuperar su antiguo nivel en el trabajo; por el contrario se agudizó su desconfianza y dejó de compartir con sus subalternos nuevos proyectos porque le podrían arruinar sus buenas decisiones con ese insano deseo de desbancarlo.

Entonces te preguntarás ¿No debo tener anhelos? ¿Será que los sueños se desvanecen cuando los alcanzas cuán colorido arcoíris? ¿Es ingenuo el que se atreve? ¿Es una locura intentarlo?

Pues bien, yo te recomendaría lo siguiente

Pregúntate ¿Cuál es mi montaña? Descubre en ti mismo cuál es ese objetivo a cumplir. Para ello deberás imaginarte habiéndolo logrado, claro que te llenarás de júbilo y tu corazón latirá entusiasmado, pero una vez que pasaron unos minutos y paso la euforia piensa en los costos que ese logro te representa; puede ser un costo financiero, social, emocional, físico, etc.

Y ahora pregúntate ¿Estoy dispuesto a pagar ese precio? Y ¿Me alcanzará lo que tengo para pagarlo indefinidamente? ¿Cuento con las herramientas necesarias para hacer frente a la decepción que puede representar el que no sea lo que busco? Si en el peor de los escenarios, ¿Estoy preparado para descubrir que debo renunciar a el a cambio de mi salud física, emocional o espiritual?

Solo con un análisis honesto y concienzudo encontrarás tus propias respuestas.

Sin importar cuál sea tu decisión no olvides disfrutar de la experiencia, porque cuando lo logres desearás vivir de nuevo esa ilusión, esa esperanza y con el tiempo encontrarás una nueva montaña para ti.

Disfruta tu logro así como el proceso!!

Compárteme tus procesos y tus logros pues me llenará de beneplácito y de seguro que te orientaré y animaré en tus nuevas aventuras.

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